
A veces se me antoja la vida como un cielo lleno de nubes,
que pueden ser blancas o grises, dependiendo de cómo la viva.
Mis nubes blancas se tornan grises cuando siento que mis sueños no llegan.
Por momentos tengo claros de nube que me van dejando SER,
claros de nubes que me regalan luz, azul celeste y esperanzas.
Y es entonces cuando me siento a tejer ilusiones con hilos de sol,
es entonces cuando mi sonrisa se extiende más allá del rostro donde moran los siempres
y puedo sentir que casi toco el cielo por donde un claro de nube me atrapa al pasar.
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